El invierno trae consigo la necesidad de reunirnos, buscar calor y brindar por lo que termina y lo que empieza. La temporada decembrina no solo se reconoce por luces y villancicos, también por ese ritual entrañable de sostener entre las manos una taza humeante. Los tragos calientes de esta época son herencia de diferentes culturas que, desde la antigüedad, encontraron en el calor del fuego y en las especias una manera de dar vida al vino, la leche o los destilados. Te presentamos dos tragos imperdibles que nos recuerdan que el calor más reconfortante es el que se comparte.
En Europa, el mulled wine o glühwein es el protagonista indiscutible de la temporada navideña. Se trata de vino tinto o blanco infusionado con especias como canela, clavo, nuez moscada o anís estrellado, endulzado con azúcar o miel. Su historia se remonta al Imperio romano, cuando el vino caliente con especias, conocido como conditum paradoxum, era común en banquetes. En la Edad Media, la costumbre persistió para enmascarar vinos envejecidos y, hacia el siglo XVII, Alemania popularizó el término glühwein en las ferias decembrinas.
El brandy, destilado de vino cuyo nombre proviene del neerlandés brandewijn (“vino quemado”), se consolidó en Francia entre los siglos XVII y XVIII, con regiones como Cognac y Armagnac a la cabeza. Sus notas cálidas lo convirtieron en protagonista de bebidas como el hot toddy, mezcla de brandy, agua caliente, miel, limón y especias, perfecta para noches frías o malestares invernales. Otra variante es el café con brandy, unión sencilla y efectiva para quienes buscan aumentar la temperatura al calor de la taza.
Ahora que comienzan los fríos y se antoja reunirse con amigos, ¿te animas a probarlos?
