Brugal 1888: Pasión heredada

Todas las familias tienen un secreto. Y el de los descendientes de Don Andrés Brugal Montaner es una receta: la de Brugal, uno de los rones más reconocidos del mundo que, hoy, tiene como guardianes a sus maestros roneros.

A mediados del siglo xix, Andrés Brugal Montaner salió de su país en busca de progreso y aventura. La travesía, entonces más larga de lo que imaginamos hoy, lo llevó de Sitges, España, a Santiago de Cuba. Ahí, Don Andrés aprendió todo lo que pudo sobre el ron y, una vez que estuvo satisfecho con sus conocimientos, migró de nuevo, esta vez a Puerto Plata, República Dominicana, en donde su tataranieta recibe nuestra llamada para hablar del ron que lleva su apellido y cuya creación artesanal se ha mantenido intacta a lo largo de cinco generaciones.

“Es un orgullo ver todo lo que somos y lo que hemos logrado gracias a él —cuenta Yassil Villanueva—; salió de su país con su familia para iniciar desde cero en un lugar que les era desconocido, pero ahora todo ha tomado forma, nos hemos sabido adaptar a los tiempos y nos hemos convertido en una marca líder. Creo que es el mejor homenaje que podemos hacer a los inicios de nuestra tradición”

Adecuarse a los tiempos es una frase clave en lo que menciona Yassil. A Brugal ha llegado el armamento tecnológico que acompaña a toda la industria actual de los espirituosos. Se han sumado con éxito al portafolio de un grupo internacional como Edrington y han desarrollado nuevos productos. Pero sus orígenes, que están en la forma de trabajo y las formulaciones con las que su tatarabuelo inició esta casa ronera en 1888, mantienen su líquido intacto. Generación tras generación, los herederos de Don Andrés han mantenido la receta en secreto y sólo se transmite a los maestros roneros, quienes tienen un lazo de sangre directo con el fundador. “No cuentan los familiares políticos —dice Yassil entre risas—. Es algo que nos preguntan todo el tiempo”.

Yassil Villanueva es parte del selecto grupo que conoce la fórmula. Se trata de la primera maestra ronera de Brugal y también de República Dominicana y la más joven del mundo. Eso también implicó un paso de avanzada para la empresa familiar, ya que durante más de 100 años esta posición estaba destinada sólo a los hombres. “Fue hace unos diez años cuando se consideró invitar a las mujeres, como una opción. Hace una década en nuestro país no se hablaba de ‘diversidad’ o ‘equidad’. La presencia de las mujeres era escasa en la industria”.

 

Una revolución femenina

Como todos los miembros de su familia, Yassil es una apasionada del ron. Lo ha vivido desde pequeña y ha escuchado la historia de la marca una y otra vez en las reuniones familiares, donde las conversaciones siempre terminan girando en torno al trabajo arduo que existe tras cada botella. Cuando era niña y acompañaba a su padre al trabajo, se acercaba al depósito a ver las barricas que entonces le parecían gigantescas y nadie tenía que decirle nada, el aprendizaje se volvió un proceso de absorción de todo lo observado. Más tarde, inició programas de pasantías y algunos entrenamientos. Cuando llegó la invitación a integrarse al grupo de maestros roneros, ella acababa de terminar la universidad. Por supuesto, la invitación no implica la selección directa, sino la entrada a un proceso del que los candidatos se van eliminando. Y es que este grupo del que hablamos funciona por ser reducido.

“Éramos 11 primos los que entramos al proceso de entrenamiento, prueba y descarte. Yo era la única mujer. Pasamos por presentaciones, catas a ciegas, desarrollos de producto, trabajo bajo presión. Y luego, después de un año, me aprobaron para convertirme en maestra ronera”.

De nuevo, lo inmediato no existe. Tras el anuncio, Yassil comenzó un nuevo entrenamiento de tres años en el que los maestros roneros de la cuarta generación le transmitieron su experiencia y conocimientos.

“No hay una carrera oficial para ser maestro ronero, como pasa con la enología. No puedes estudiarlo. No hay un aprendizaje lineal. Esto es experiencia del día a día”.

Cuando estuvo lista y salió a dirigir sus primeras catas, llegaba ante grupos desconcertados que preguntaban dónde estaba la maestra ronera. “¡Soy yo!”, decía Yassil. “Al saber que esperaban a una mujer, se imaginaban a una persona de 50 o 60 años, jamás a alguien joven; creo que es algo cultural”.

Ser la primera maestra ronera de Brugal y de su país, ha implicado romper barreras. Desde demostrar que las mujeres también disfrutan los licores duros y derechos hasta la forma en la que pueden participar en los lugares que los producen.

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