Château Peyrassol: la huella templaria que se degusta en México

De una histórica finca establecida por la Orden del Temple en el siglo XIII surge uno de los vinos rosados más exclusivos y elegantes a nivel global.

Oculta en el corazón de la Provenza, en las faldas del Macizo de los Maures, se encuentra La Commanderie de Peyrassol, una finca donde el tiempo parece haberse detenido. Establecida por la Orden de los Templarios en el siglo XIII, esta propiedad se ha consolidado como un pilar fundamental en la producción de vino rosado de prestigio a nivel mundial. Tras ser adquirida por Philippe Austruy en 2001, la gestión se enfocó en una renovación integral: se replantaron viñedos, se edificó una moderna cava y se implementó un cultivo orgánico. Gracias a estas iniciativas, Château Peyrassol ofrece ahora una colección 100% BIO, manteniendo su inigualable sofisticación.

Los suelos de Peyrassol, ricos en piedra y caliza, junto con altitudes promedio de 330 metros, propician una maduración pausada y armónica de la uva. Estos factores contribuyen a la frescura, mineralidad y distintiva elegancia de sus vinos. El producto final es una bebida precisa y refrescante, dotada de una acidez vibrante que le permite ser longeva y mantenerse efervescente. En el mercado mexicano, donde los gustos se refinan y el clima cálido demanda ligereza y distinción, sus rosados han sido recibidos con éxito. Según Karim Chauvin, export manager de la bodega, el secreto ha radicado en comunicar la herencia histórica, el savoir-faire artesanal y la alta calidad que reside en cada etiqueta. Estos son vinos que destacan por su complejidad, estructura y gran profundidad. 

Peyrassol

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