En la bodega Tres Raíces, la palabra “inspiración” no alude a un capricho: describe un origen concreto. Dos de sus vinos, Inspiración Blanco e Inspiración Rosé, nacen de parcelas precisas y de una vinificación enfocada en la limpieza aromática. Vinos directos, refrescantes y con potencial gastronómico, siempre a la mano para acompañar el día o celebrar una ocasión especial.
El punto de partida es el terruño. En el viñedo domina un perfil franco arenoso con roca caliza en el subsuelo. Esa combinación crea una tensión natural que se traduce en aromas nítidos y bocas vivas. El clima también pone de su parte: precipitaciones bien distribuidas a lo largo del año y oscilaciones térmicas favorecen la síntesis de precursores aromáticos.
El resultado son uvas con expresión franca y acidez definida que brotan del terroir como un milagro. La precisión continúa en la vendimia. La uva se corta a mano y pasa por cinta de selección antes de ir a prensa. En esa fase del proceso se separan pieles y semillas para preservar lo esencial del jugo. Después, la fermentación se realiza en tanques de acero inoxidable durante quince días.
El equilibrio en ambos vinos no es accidente. Tres Raíces busca maduración óptima para amarrar acidez, frutalidad, estructura y grado alcohólico según lo que dicta cada añada. Vinos que fluyen, que acompañan y que no cansan. Quien está empezando en el mundo del vino encuentra facilidad de trago, aromas reconocibles y una curva de aprendizaje amable. Quien ya lo conoce, agradece la definición varietal, la huella de suelo y la coherencia entre parcela y copa.
