El secreto mejor guardado de Château Peyrassol está en la acidez: cuidada al milímetro, es lo que les da a estos vinos su capacidad insólita de envejecer con gracia, especialmente a los rosados, que lejos de ser efímeros, evolucionan con el tiempo sin perder frescura ni brillo.
El Château Peyrassol Rosé es el embajador perfecto de esa idea: color pálido, aromas de frutas rojas y cítricos, boca estructurada y un final largo. Va perfecto con ceviches, tacos de pescado, cochinita pibil y hasta con chile en nogada.
La acidez natural del vino hace maravillas frente al picante y a los contrastes dulces de la cocina mexicana. Para quienes buscan algo más atrevido, los blancos acompañan mariscos al ajillo o mole blanco, mientras que los tintos se lucen con cortes al carbón o moles especiados.
Disponible ya en México, Château Peyrassol no solo representa una nueva opción para las cartas de vino: es una forma de vivir el vino con historia, elegancia y coherencia. Un vino templario, sí, pero también profundamente contemporáneo.
