La buena mesa de Mojama Oyster Bar

Para que tengas una experiencia increíble en Mojama, te decimos cuáles son los imperdibles de este restaurante.

En un menú como el de Mojama Oyster Bar, en el que todo se antoja, nos dimos a la tarea de escoger las opciones que sí o sí hay que pedir en una visita a este restaurante. Muchas de ellas son para compartir y, además de la gran ventaja de que puedes probar un poco de todo, también crea una experiencia de mucha confianza y familiaridad.

La cava de Mojama Oyster Bar se enfoca en tres países principales: México, España y Líbano. La idea es que los comensales conozcan la gran calidad de los vinos nacionales, la reputación intachable de los españoles y la frescura de los libaneses.

La esencia libanesa del chef Mohamed se materializa en la tostada de humus con tartar de atún, una entrada que muestra sólo un poco de lo que está por venir. Para maridarla, una copa de vino rosado Cien Rosado Grenache, producto de las tierras de Baja California en el que los aromas a frutos rojos frescos, naranjas y chabacanos dan un balance perfecto en boca.

Lo siguiente en la lista es que cada quien pida una almeja blanca de Sinaloa: la preparan ahumada y al vino blanco con mantequilla y ajo, una verdadera delicia. Para resaltar estos sabores, Atrelo, un vino blanco de Rías Baixas que combina las uvas Albariño, Loureiro y Treixadura, que dan frescura y acidez por medio de notas herbales, frutas tropicales y manzana verde.

Por supuesto que en esta mesa no puede faltar un plato de ostras; déjate sorprender por la siguiente combinación y agradecemos después por la experiencia. Pide ostras kumiai y ostras chingón de Ensenada, además de algunas shigoku de Washington; la sensación es indescriptible, tienes que probarlas. La calidad de las gambas de Huelva que sirven en Mojama es sobresaliente, su sabor es tan especial que con un poco de sal basta para que se conviertan en un verdadero manjar.

Para cerrar una comida como esta hay que pedir el plato Mojama, que consta de rebanadas de atún rojo curado sobre un pan crujiente. Encima de la carne se añaden tomate y pimientos de Padrón, lo que refuerza el sabor. Para este plato sí hay que pedir una botella de Tierra de Ángeles Chardonnay, un vino blanco de Baja California que va a equilibrar los sabores con sus característicos toques frutales a piña y algunos cítricos.

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