Los tesoros de Ensenada

Cuenta la leyenda que al mafioso Al Capone le gustaba tanto Ensenada que incluso tenía una casa aquí. El pasatiempo de los taxistas de la ciudad es señalarle a los turistas el supuesto hogar de este personaje. La historia —hasta donde se sabe— es ficticia, pero no pasa inadvertida como una de las razones que puso a esta ciudad en el mapa. Durante la Ley Seca, nuestras ciudades fronterizas recibieron miles de estadounidenses que buscaban aquello que se les negaba en su país de origen. Así nació la primera ola de turismo de la región, y tuvieron que pasar varias décadas más para que Ensenada se hiciera de la fama que merecía como el sitio que vio nacer el furor por consumir los mejores pescados y mariscos del país.

Los tesoros de Ensenada permanecieron ocultos por muchos años, pero hoy sabemos que si un restaurante presume en su carta ingredientes que provienen de esa región vamos a tener una buena comilona. Gran parte del reconocimiento que tiene la región se debe a la Facultad de Ciencias Marinas de la Universidad Autónoma de Baja California y gracias a los estudiantes de Oceanografía de ese rincón de México es que hoy conocemos su enorme biodiversidad. Uno de esos alumnos fue Pablo Ferrer, hoy fundador de El Sargazo, una comercializadora de productos de los mares de Baja California. Cuando él, el chef Benito Molina y el enólogo Hugo D’Acosta se conocieron, fundaron sin saberlo los cimientos de un movimiento gastronómico mexicano con el que comenzaron a presumir los ingredientes y vinos que se producían en la región. Sin proponérselo, se convirtieron en los principales embajadores de Ensenada y, desde hace 20 años, se han encargado de promover sus virtudes, ya sea al invitar a distintos chefs nacionales e internacionales a conocer directamente a los productores y pescadores, llevando los ingredientes a otros países o al promover la región con el Festival de las Conchas y el Vino Nuevo.

Gracias a las mentes privilegiadas de estos y otros emprendedores, Ensenada no sólo es uno de los destinos preferidos de los viajeros, sino que en 2015 fue declarada por la UNESCO como Ciudad Creativa en el área de gastronomía, un reconocimiento que podemos saborear en cada plato y en cada copa.