En Maestro Dobel, volver a la tahona no es nostalgia, es consecuencia de una historia de más de once generaciones sumada a una convicción profunda: la comprensión del presente pasa por recuperar el pulso del pasado. Dobel Tahona es la expresión de ese principio. Un tequila blanco que privilegia el agave, la piedra, el tiempo y la mano experta. Lo esencial.
El proceso inicia desde la tierra, cuando el líquido del tequila es apenas una idea. Los agaves destinados a esta expresión crecen en suelos ricos en minerales en las faldas del volcán de Tequila, un entorno privilegiado por su microclima. Son agaves certificados orgánicos: una decisión que implica prácticas libres de insumos químicos, manejo agronómico riguroso y una cadena de trazabilidad avalada por organismos nacionales e internacionales.
La cocina es lenta, en horno de mampostería, para desarrollar mieles tersas y profundidad aromática. Después, el agave descansará varios días: el asentado que prepara fibras y jugos para una molienda distinta, esencial en el carácter final. En lugar de rodillos industriales, una tahona de piedra volcánica de dos toneladas traza la extracción. La fermentación ocurre de forma espontánea, sin adición de levaduras comerciales, en contacto con el agave. La destilación, lenta y cuidadosa, se realiza en pequeños alambiques de cobre.
Este camino, que demanda el doble o hasta el triple de tiempo frente a procesos acelerados, garantiza un tequila excepcional, para conocedores excepcionales.
