El mes de septiembre transforma la geografía nacional en un escenario de celebración. Para el viajero que busca ir más allá de los festejos convencionales, México ofrece enclaves donde la historia insurgente y la cultura del buen beber convergen con la pasión de la fiesta de la independencia. Explorar la ruta de la libertad es una oportunidad para redescubrir el país a través de su arquitectura, su gastronomía y sus destilados emblemáticos.
El recorrido exige iniciar en la cuna de la conspiración. Querétaro, con su acueducto monumental y sus callejones virreinales, fue una auténtica incubadora intelectual de la insurgencia novohispana.
Caminar por la Plaza de Armas y visitar la Casa de la Corregidora es adentrarse en los cimientos de la libertad, andando por las mismas calles que pisaron los primeros próceres de la Independencia. El actual Palacio de Gobierno, por ejemplo, solía ser la mismísima casa de la Corregidora, doña Josefa Ortiz de Domínguez, donde se fraguaron las reuniones literarias que dieron origen a la conspiración insurgente.
Muy cerca se encuentra la casa de don Ignacio Pérez, de donde salió galopando la noche del 15 de septiembre de 1810 para avisar a Miguel Hidalgo y a Ignacio Allende, quienes se encontraban en Dolores, de que la conjura había sido descubierta. Aquí, las terrazas invitan a iniciar los festejos con excelentes vinos locales o un coctel de baja graduación, alistando el paladar para la intensidad de la noche.
