En cada familia mexicana hay una receta que espera paciente el momento de volver a la mesa. En muchos hogares, ese lugar lo ocupa el bacalao a la vizcaína, una receta de origen vasco que cruzó el océano en los tiempos del Virreinato y se transformó con los ingredientes del llamado Nuevo Mundo.
Jitomate, chiles güeros, aceitunas, papas, especias: un mestizaje en cazuela que hoy es un plato de celebración nacional. Sajil lo sabe. Y por eso decidió hacerlo como se debe: con respeto, oficio, e ingredientes reales y pensando en las comunidades mexicanas. Su versión de bacalao a la vizcaína se elabora a partir de pescado premium del mar de Barents, al norte de Noruega, en las regiones de Finnmark y Troms. El bacalao llega seco y salado, como dicta la tradición, y luego se transforma, tras pasar por manos oaxaqueñas, en una receta viva, profunda y mexicana.
Cada frasco es una manifestación de sabor y tradición, pero también una forma de apoyar el trabajo de comunidades indígenas que han encontrado en este proyecto un camino de autonomía económica. El producto se cocina sin conservadores y se envasa en generosos frascos de vidrio de 960 gramos, listos para abrir, calentar y servir. El resultado es un platillo de hechura y sabor honestos, que conserva su frescura gracias a un proceso de conservación cuidadoso, pensado para que cada bocado sepa como hecho en casa.
Solo se necesita un pan calientito o una copa bien servida para redondear la experiencia.
