Aunque en origen provengan de la misma familia, la verdadera magia de estos dos destilados sucede en la crianza, donde adquieren sus identidades distintivas. Mientras muchos whiskies reposan en barricas usadas, para añejar el bourbon se requieren barricas nuevas de roble blanco americano, carbonizadas por dentro. Es esta madera la que aporta los matices de caramelo, vainilla y madera tostada que han fascinado a millones.
Pese a sus diferencias, bourbon y whiskey comparten algo más que su linaje: la capacidad de reunir generaciones alrededor de una mesa. Como dos primos que se reencuentran y pasan horas poniéndose al día, el parentesco entre el whiskey y el bourbon nos recuerda la importancia de los lazos familiares.
Descubre el mundo de sabores y matices que estos dos destilados ofrecen con la guía experta de nuestros asesores en Bodegas Alianza.
