Whisky escocés: el nacimiento de una tradición

Entre montañas y extensiones verdes, Escocia es la cuna del whisky y sigue produciendo las botellas más interesantes de este destilado.

 

Por Selene Mazón

“Demasiado de cualquier cosa es malo, pero demasiado de un buen whisky es apenas suficiente.”

MARK TWAIN

 

Rodeado de montañas y grandes extensiones de campos verdes, Escocia es un mosaico de paisajes hermosos. Es, además, el lugar de origen de uno de los destilados consentidos en el mundo: el whisky escocés, también conocido como scotch.

La tradición del whisky se remonta a más de cinco siglos atrás, a la época en la que abundaban los monasterios y los monjes experimentaban con diversas técnicas de destilación. Como prueba se conserva un documento de 1494 en el que el rey Jacobo IV encarga a un fraile escocés la elaboración de aqua vitae, o “agua de la vida”, en latín. Esas mismas palabras en gaélico, uisge beatha o usquebaugh, dieron origen a la palabra “whisky”.

El primer gran boom de producción de whisky ocurrió hasta la década de 1880, cuando una plaga de un pequeño insecto negro —la temible filoxera— acabó con muchos de los viñedos de Francia. El brandy, entonces la bebida más popular, se volvió casi imposible de conseguir, lo que dio paso a la proliferación de destilerías.

Desde entonces, la producción del tradicional scotch no ha dejado de crecer. Se calcula que en Escocia hay más de 100 destilerías dedicadas a su elaboración. Para adentrarse en esta historia y entender los diferentes sabores, es preciso hacer un viaje por diferentes regiones: Speyside, Highlands, Lowlands, Campbeltown e Islay.

Localizada en el noreste de Escocia, Speyside es la capital del scotch, con más de 60 destilerías. Su ubicación geográfica, cerca del río Spey, es estratégica para la elaboración de whisky, caracterizado por su carácter suave y refinado, con notas de manzana, pera, miel, vainilla, entre otras.

Le sigue el territorio más amplio en la producción de whisky, las Highlands, cuyos destilados se caracterizan por un carácter más pesado y seco, con toques de nueces, miel y brezo. En las Lowlands, en cambio, destaca el single malt (whisky puro de malta, producido en una sola destilería), ligero, en el que prevalecen los sabores picantes y sutiles toques cítricos.

De sólo 40 kilómetros de largo, Islay se encuentra frente a la costa oeste de Escocia. Su whisky es famoso por ser ahumado; mientras que en Campbeltown, la región productora más pequeña, destacan los toques de sal, humo, fruta y vainilla de los destilados.

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