Culto al asador: Loma Linda, el primer restaurante de carnes en México

Entre el infinito mundo gastronómico de la Ciudad de México encontramos restaurantes a los que regresamos una y otra vez porque sus sabores son auténticos y nos tratan como si fuéramos familia. Loma Linda es uno de ellos. Pablo Sosa, uno de los dueños del restaurante, nos platicó todo al respecto.

Nace un grande del asador en la ciudad

Antes de 1956, Lomas de Chapultepec era considerada una zona periférica de la Ciudad de México, pero su potencial comercial y residencial era inminente. Ése fue el año en que Loma Linda abrió sus puertas en el número 1105 de Paseo de la Reforma.

José del Moral Gadsden fue el visionario que, después de un viaje a Argentina en el que quedó prendado por la pasión que provoca un buen asado, fundó el primer restaurante de carnes al carbón en la ciudad.

En el menú con el que se inauguró Loma Linda se ofrecía una buena selección de carne, empanadas y ensaladas que recordaban a una tradicional mesa argentina. Los habitantes del poniente de la ciudad quedaron fascinados con la propuesta gastronómica de Gadsden y en muy poco tiempo el lugar se volvió un referente culinario.

El rumor de esta potente cocina ahumada llegó a más zonas de la ciudad e hizo historia: “La gran mayoría de nuestros clientes nos conocen porque desde chiquitos los traían sus papás. Hace unos días uno de nuestros proveedores me contaba que sus abuelos hicieron su ceremonia civil en el restaurante, y de estas historias hay muchísimas”, nos cuenta Pablo Sosa, uno de los dueños del restaurante.

Loma Linda, como estar en casa

Con casi 60 años y cuatro sucursales (Carso, Interlomas, Santa Fe e Insurgentes Sur), a nadie le sorprende que Loma Linda sea la opción lógica cuando se quiere comer bien y sentirse a gusto.

Cuando se trata de la comida, el secreto está en trabajar con ingredientes de altísima calidad, carnes premium, verduras frescas y técnicas profesionales. Las porciones son muy generosas y para más de un platillo en la carta se sugiere compartirlas. El menú que hoy se ofrece ha tenido ligeros cambios desde que abrió el restaurante; ahora hay también pastas y otros tipos de carne al carbón, como pollo, pescados y mariscos.

Uno de los aspectos más llamativos es la parrilla personal, porque invita a vivir la experiencia de cocinar uno mismo un jugoso corte a las brasas. Aunque todos los complementos y ensaladas son opciones infalibles, sí hay un favorito: el tocino Loma Linda, que hay que acompañar con una copa de vino tinto Tierra de Ángeles Nebbiolo. La combinación de la fritura de la carne, su textura rostizada y las intensas notas aromáticas a cereza de este vino resalta armónicamente todos los sabores, y por ello es una de las elecciones más afortunadas de la casa.

En gran medida, la sensación de estar en casa se debe a que todos en el restaurante están atentos a lo que sus comensales necesitan. Los meseros tienen genuino interés en conocer y cumplir cada antojo de sus visitantes, pues se preocupan por crear con ellos un vínculo sincero. De una relación como ésta —nos cuenta Pablo Sosa— nació una de las salsas más famosas de Loma Linda, la de chile morita, hecha a petición de un parroquiano, un ejemplo muy claro de que en Loma Linda van siempre más allá con tal de tener clientes satisfechos.

Pablo nos cuenta que, aunque en Loma Linda de Reforma hay capacidad para atender a 420 personas, sólo tienen 30 cartas. ¿La razón? Los fieles al restaurante ya no necesitan ver el menú para ordenar: saben lo que quieren, cómo lo quieren y con qué lo van a acompañar.

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